Con un largo y intenso suspiro, ella baja su trasero, acomodándose con la punta rosada brillante del pene mojado justo en su entrada empapada y carnosa. Baja su trasero más, y la punta del pene erecto desnudo se desliza resbaladizo dentro de su coño excitado.
“Joder sí”, gime él, con sus manos en su culo desnudo, sus dedos en la profunda y suave hendidura entre sus redondas y morenas nalgas desnudas. Un dedo índice roza su agujero arrugado y fruncido, y él siente cómo se aprieta mientras entra en su coño mojado.
Ella baja su busto hacia él, y sus grandes pechos desnudos se asientan en su pecho musculoso desnudo. Sus largos pezones erectos raspan sobre él mientras baja su culo aún más, tomándolo todo dentro de ella. Se sienta sobre él, con su polla enterrada hasta las bolas en su vagina aterciopelada.
Él se turna para acariciar sus pechos y besar sus sensibles pezones.
Ella comienza a montarlo, luego echa la cabeza hacia atrás y cierra los ojos. Sus grandes tetas morenas desnudas bailan frente a él y él aprieta las mandíbulas mientras su polla se hunde dentro y casi sale de su coño. Más rápido.
“¡Joder, oh joder, oh joder!” gime ella y mueve sus caderas más rápido, saltando sobre su polla, montándolo como una profesional.
Su dedo índice encuentra su culo de nuevo, y mientras ella lo monta, él penetra su culo mojado con un dedo resbaladizo. Su polla bombea dentro de su coño, y su dedo está metido en su culo.
“¡Me voy a correr!” gruñe él, y luego su polla se contrae dentro de ella, salpicando semen, llenándola profundo.
“¡Joder sí!” chilla ella y luego se está corriendo. Su coño pulsa con el orgasmo que la recorre, y mientras él dispara lo último del semen en su coño, ella lo ordeña hasta secarlo.
Ella levanta sus caderas, y con un sonido húmedo de sorbido, su polla desinflándose se desliza fuera de ella.
De pie en la alfombra junto a la cama, ella se pone una mano entre las piernas. Su semen caliente se está filtrando fuera de ella. Toma un pañuelo, y se limpia entre las piernas, luego vuelve a la cama con él.
“Deberíamos volver al trabajo”, murmura ella, sus dedos trazando el semen resbaladizo en su polla.
“Deberíamos, sí”, dice él, “el jefe se va a preguntar dónde estamos”.